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A mi bebé nonato

Actualizado: 28 dic 2022


"Si repentina e inesperadamente sientes alegría, no titubees. Déjate llevar. Hay muchas vidas y ciudades enteras destruidas o a punto de serlo. No somos sabios y a menudo no muy amables. Y hay mucho que nunca podrá ser redimido. Aún así la vida tiene algo de posibilidad todavía. Tal vez esta sea su manera de resistir, que a veces pasa algo mejor que todas las riquezas y el poder del mundo. Puede ser cualquier cosa, pero lo más seguro es que lo notas en el instante en el que comienza el amor. De cualquier manera, eso es usualmente el caso. De cualquier manera, sea lo que sea, no temas su abundancia. La dicha no se hizo para ser una migaja." - Mary Oliver


Hay una distancia muy corta entre la confusión, la dicha, el miedo, la pena y la calma. Caben todas en lapsos de tiempo muy estrechos. Hace menos de una semana después de tomar la quinta prueba de embarazo que salió positiva en casa, decidí ir a cuidados urgentes y confirmar mis sospechas. "No estoy convencida de estar embarazada" le dije a la recepcionista. Casi una hora después, me encontraba en la camilla llorando por la sorpresa y la confusión de un embarazo no planeado. Y no solo un embarazo no planeado, sino ante la posibilidad de ser madre cuando yo estaba convencida, según yo, de mi poca habilidad de cuidar de un bebé de nuevo.


Las lágrimas cedieron paso a la dicha que me llegó así como lo menciona Mary Oliver, de manera repentina e inesperada. Y me di toda la libertad de imaginar mi vida con una personita nueva en ella. De planear cambios estratégicos y necesarios para hacer espacio a la presencia de alguien más con nosotros. ¡Era tanta la dicha! Me sorprendió jugando fútbol el domingo en un lugar cerrado y con una pelota de plástico, y me encontró sonriendo ante los malestares típicos del embarazo que empezaba a sentir. Me sentí maravillada de saber que dentro de mi latían ya dos corazones.


Los síntomas de una pérdida espontánea de mi embarazo no tardaron en llegar y con ellos el miedo. Pasé horas en mi cama, tratando de moverme poco. Leyendo información sobre abortos espontáneos y otras posibilidades, esperando siempre que fueran otras posibilidades. Finalmente llamé al médico y me dieron una cita para hoy, jueves, cuatro de abril. El miedo y la incertidumbre dieron poco a poco lugar a la pena. Cuando no pude negarme a mí misma que el bebé ya no vendría, comencé a llorar.


Encendí una vela, coloqué sobre mi pequeño altar la última prueba de embarazo que me tomé. Con el humo de una hoja de salvia, le di las gracias a mi bebé por haber venido y le dije que era tiempo de volver a la fuente, a reunirse con el espíritu de la vida que lo había traído.


El proceso de pérdida fue doloroso y largo, vivido en momentos, uno a la vez.


Quiero pensar que este bebé vino a sanarme, de maneras que yo no esperaba fueran posibles. Para los demás, no será más que parte de una experiencia, o tal vez un recuerdo. No tengo nada físico que pueda recordármelo, por eso es que puse la prueba de embarazo en el altar, era lo más cercano que tenía a tener algo tangible.


Por la enorme dicha que nos brindó a mi esposo y a mí. Por las bendiciones que nos vino a traer y que tal vez aún no estamos totalmente conscientes de ellas, por la forma en que vino a tocar mi vida, estoy agradecida.


Honro el misterio de la vida y de la muerte,

honro las formas secretas en que tu breve existencia tocó la mía,

honro el cuerpo que habitó mi cuerpo y que nunca podré abrazar,

honro el futuro soñado que no fue,

honro la dicha, el llanto, la incertidumbre

honro todo lo que la posibilidad de que fueras me invitó a vivir.

Que el espíritu de la vida te acoja de nuevo en su vientre,

gracias por haber venido.


En mi vive ahora una historia de sanación, de posibilidad, de dicha inesperada y de una gran ausencia...esa es tu historia también.



A mi bebé nonato

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